jueves, 20 de mayo de 2010

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Tras una larga discusión, salió corriendo entre lágrimas del departamento. Tropezó con un juguete que algún niño descuidado había dejado ahí. Ahora, Sophía yacía al pie de la escalera. La respiración se le dificultaba cada vez más. Gerardo la observaba entre lágrimas. Solo observaba. Tardó veinte minutos en llamar a la ambulancia. Lo paramédicos llegaron diez minutos después, para este momento Sophía se encontraba más pálida que nunca. Afuera, la lluvia caía en forma de diluvio.
- Gerardo, por favor perdóname...

El subió a la ambulancia sin decir nada. Solo lloraba. Por su cabeza pasaron mil imágenes en las que no había querido pensar. Aún no podía creer lo que había pasado, lo que había escuchado. No podía creerlo, no quería creerlo.

El camino fue largo debido al tráfico ocasionado por la lluvia. Al llegar al hospital, le preguntaron si conocía a la persona en la camilla.
- Sí, es mi prometida.

A Sophía la ingresaron de urgencia al quirófano. Tras cuatro horas de operación, salió en cirujano a hablar con Gerardo.
- Hemos hecho todo lo que estaba en nuestras manos, fue un golpe muy fuerte, lamentablemente, no pudimos salvar al bebé. Ahora ella se encuentra en terapia intensiva. Podrá pasar a verla en unos minutos.
- ¿El bebé?
- ¿No lo sabía? El estudio indicó un embarazo de casi cuatro meses.

Minutos después, Gerardo se encontraba sentado junto a la cama de Sophía. No sabía si quedarse. No sabía si debía decir algo. No sabía qué hacer. Pasó la noche en ese incómodo sillón. Le costó trabajo dormir. Lo despertó un sonido agudo, un zumbido. Las enfermeras llegaron corriendo y le pidieron que saliera de la habitación. Gerardo entró en estado de pánico, no podía creer lo que veían sus ojos. Tres intentos después, salió una enfermera a decirle
- Señor, lo lamento, pero la paciente no pudo lograrlo, ha muerto...

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